Cuando se termina la colada, lo habitual es colgar o tender la ropa en unas cuerdas dispuestas a tal fin, con ayuda de unas pinzas de ropa.
El sol y el viento son nuestros aliados a la hora de secar la ropa, y el frío y la humedad, nuestros enemigos.
Al ganar calor del medio ambiente, las moléculas del agua contenida entre las fibras textiles se excitan y aumentan su velocidad, de tal manera que se desligan entre ellas y pasan al aire al evaporarse.
En este proceso intervienen favorablemente el calor (no tanto el sol directo que puede decolorar la ropa) y el viento, que aumenta la agitación molecular facilitando la evaporación.
Pero en lugares húmedos, como en las localidades costeras, el aire está próximo a la saturación de vapor de agua. Así, aunque cierto úmero de moléculas de agua abandone la ropa, otro elevado número de moléculas -aunque menor- se condensan procedentes del aire, lo que retrasa el secado.
También ocurre en lugares muy fríos que, aunque el aire esté muy seco, la ropa seca también lentamente debido a la baja agitación molecular provocada por la ausencia de energía térmica.
Respuesta a una consulta de Amalia
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