Trucaje fotográfico“No escondas la cabeza bajo tierra como el avestruz” le dicen al que rehuye una situación peligrosa o no se enfrenta a un problema.

Pues nada, a partir de ahora ni caso. Porque eso de que el avestruz (Struthio camelus) esconde la cabeza bajo tierra es falso, un mito muy extendido. Como ocurre también con el canto del cisne.

Esta creencia se debe haber originado con casi toda seguridad en el comportamiento de estas largiruchas aves (cerca de 2,5 metros de altura) en determinadas circunstancias, como las descritas a continuación:

  • Ocurre que, cuando se sienten en peligro, bajan la cabeza a ras de suelo para ocultar su largo cuello y confundir a los depredadores que no pueden distinguir la cabeza de su posible presa desde la distancia.
  • También bajan la cabeza a ras de suelo mientras empollan los huevos para ser menos visibles y ocultar en lo posible la ubicación del nido.
  • Por su parte, los polluelos estiran su cuello a lo largo del suelo al sentirse amenazados para ocultar su situación.
  • En resúmen, como mecanismo de defensa o protección colocan la cabeza y el cuello sobre el suelo para disimular su altura y pasar desapercibidas. Pero no introducen la cabeza bajo tierra para ocultarse en un infantil gesto de “como no te veo no me ves”.

    Quizás el único momento en que mantienen la cabeza bajo tierra —que no enterrada— es cuando los machos hacen el nido. Debido al gran tamaño de los huevos (unos 20 cm. de largo) y su elevado número (12 por hembra y varias hembras por nido) el agujero a cavar con el pico también ha de ser muy grande.

     

     

    Nota sabionda: El avestruz es el ave más grande que ha logrado sobrevivir hasta nuestros días. Al igual que las otras aves grandes, como los ñandúes, los casuarios y el emú, pertenece al grupo de aves corredoras que no pueden volar y que han tenido que adaptarse a la vida terrestre.

    Nota sabionda: Corriendo puede superar los 72 km/h, pero si se ve acorralado ataca con las patas de dos dedos usándolas como armas.

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    JíbarosEl pueblo de los Shuar, más conocido por el nombre de Jíbaros (nombre dado por los españoles) es originario del altiplano ecuatoriano, en las fuentes del Amazonas, al norte del río Marañón y entre las cuencas del río Pastaza y el río Chinchipe.

    Si por algo son realmente conocidos y temidos, es por la capacidad que tienen de reducir las cabezas de sus enemigos.

    De cada victoria, el gran guerrero conserva un testimonio: una cabeza cortada y luego reducida. Esta costumbre no tiene por único objeto hacer alarde de trofeos de guerra, pretende que el espíritu del muerto, el muisak, no vuelva para vengarse del asesino.

    Por ello, el  guerrero que mató a un enemigo debe llevar a cabo un complejo ritual, destinado a encerrar el alma del muerto en su propia cabeza, cuidadosamente reducida, llamada tsantsa. La preparación de la cabeza dura varios días y las operaciones materiales se alternan con las ceremonias mágicas.

    El proceso es el siguiente:

    1. Lo primero es, obviamente, cortar la cabeza al enemigo.
    2. Con un cuchillo se hace un corte desde la nuca al cuello, se tira de la piel y se desprende del cráneo. Se desecha el cerebro, ojos y demás partes blandas, además de todos los huesos.
    3. Se mete en agua hirviendo a la que se añade jugo de liana y otras hojas, lo que evita que se caiga el pelo. Se mantiene durante unos quince minutos aproximadamente; más tiempo la ablanda demasiado y es difícil impedir que no se pudra.
    4. Se saca del agua (con un tamaño aproximado de la mitad del original) y se pone a secar.
    5. Se raspa la piel por dentro para quitar restos de carne y evitar el mal olor y la putrefacción y se frota por dentro y por fuera con aceite de carapa.
    6. Después se cose el corte de la nuca, los ojos y la boca, de manera que queda como una bolsa, en la que se echa una piedra del tamaño de un puño o el volumen equivalente en arena caliente.
    7. Se cuelga sobre el fuego para desecarla poco a poco con el humo a la vez que se le va dando forma al cuero con una piedra caliente. En este proceso la cabeza acaba de reducirse.
    8. Una vez seca la cabeza se vacia la arena y se tiñe la piel de negro.
    9. Luego se introduce un cordón de algodón por un agujero practicado en la parte superior de la misma y se asegura en la abertura del cuello con un nudo o un palito atravesado.

    Queda tal que así:

    Cabezas reducidas

    Así, con los ojos cosidos y la cabeza teñida de negro, el alma del enemigo queda atrapada en la oscuridad y ya no hay nada que temer de él ni de su venganza.

    A todo esto, y como se suele decir: no intentes hacerlo en casa.

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