Polilla atraída por la luz de una bombilla

Las polillas y otros insectos nocturnos se sienten atraídos por la luz artificial de una manera suicida. Vuelan en cículos alrededor y se golpean una y otra vez contra la fuente luminosa hasta morir achicharradas. ¿Y por qué hacen esto? ¿A qué se debe un comportamiento tan irracional?

Su comportamiento es totalmente coherente con su naturaleza, lo que ocurre es que la luz artificiala las confunde, ¡y de qué manera!

Hablemos primero de la fototaxis, que es el movimiento automático de un organismo con respecto a la luz. Las cucarachas, por ejemplo, son insectos lucífugos ya que muestran una fototaxis negativa al correr a esconderse en grietas oscuras al percibir la luz. Se trata de un mecanismo que les facilita la supervivencia. En cambio las polillas son insectos lucípetos ya que muestran una fototaxis positiva y se sienten atraídos por la luz. Este mecanismo les facilita la orientación, pues la luz del firmamento estrellado y de la Luna les permite situar el arriba-abajo en la oscuridad y les sirve de guía en sus movimientos migratorios al utilizar nuestro satélite como punto de referencia primario. Es más, al ser atraídas por la luz lunar las polillas vuelan más alto y evitan muchos obstáculos y depredadores y pueden aprovechas las corrientes de aire más efectivamente. Algunos entomólogos sugieren, incluso, que las polillas pueden definir su ruta de migración mientras la Tierra gira por el cambio de posición de la Luna.

Además la intensidad lumínica también influye en el movimiento de sus alas. Así cuando la luz proviene de una fuente distante (léase la Luna) e incide por igual en ambos ojos del insecto, éste vuela en línea recta; pero si la fuente de luz está más cerca, un ojo percibe más cantidad de luz que el otro y el ala de ese lado tiende a moverse más rápido al recibir mayor estímulo.

Entonces, cuando una luz artificial se cruza en su camino, se sienten atraídas por ella y vuelan hacia la fuente de luz. Hacia una fuente de luz que alcanzan aunque nunca deberían haberlo hecho. Y debido a su cercanía se ven impelidas volar en círculos y en trayectorias espirales.

 

 

Nota sabionda: Las polillas son más sensibles a unas longitudes de onda del espectro lumínico que a otras. Detectan la luz ultravioleta y prefieren las luces blancas y azuladas a las luces amarillas.

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Dinosaurios

La teroría más aceptada acerca de la causa de la extinción de los dinosaurios es la caída de un cuerpo celeste sobre la Tierra que impactó hace unos 65 millones de años al norte de la península del Yucatán, como ya vimos.

Según publica la revista científica británica Nature, un grupo de científicos encabezados por William Bottke, del Instituto de Investigaciones del Suroeste, en Boulder (EEUU), afirma haber descubierto la procedencia de la roca gigantesca que causó un catalismo climático que acabó con los dinosaurios y otras miles de especies de finales del Cretáceo.

La ruptura por colisión con otro cuerpo, hace unos 160 millones de años, de un asteroide de 170 kilómetros de diámetro llamado Baptistina —descubierto en 1980— sería la causa, cien millones de años después de la lluvia de escombros que impactó nuestro planeta y del fragmento que causó el cráter Chicxulub de unos 200 km de diametro en el golfo de México.

Los resultados de sus simulaciones informáticas otorgan a esta afirmación más de un 90% de probabilidad. Y además concluyen que esta colisión formó parte de un proceso más extenso que afectó a todo el Sistema Solar pudiendo ser el origen —con un 70% de probabilidad— del cráter Tycho, de 85 km de diámetro, en la Luna y otros cráteres gigantes en Venus y Marte.

Asimismo, la investigación indica que la lluvia creada por el asteroide podría se la fuente de aproximadamente un tercio de los objetos que actualmente rodean la Tierra.

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Dinosaurios

La causa de la extinción de los dinosaurios, hace 65 millones de años, ha sido y es uno de los misterios que se le han planteado a la ciencia. Los investigadores han propuesto múltiples hipótesis para explicar el porqué de la desaparición repentina, en todo el mundo, del 75 por ciento de las especies (plantas y animales) que habitaban y dominaban nuestro planeta.

Apuntan a posibles cambios de temperatura y otros cambios climáticos, intensificación de la actividad volcánica, enfermedades, infertilidades, cambios en la vegetación, epidemias, inversión de los polos magnéticos, cambios en la actividad solar, superdepredación y muchas más.

Recientemente se tomaron más en serio aquellas que señalaban como causa un fenómeno ajeno al planeta: la caída de un cometa o meteorito. Y esto es así porque en la década de los 70 un grupo de científicos encontró una delgada capa de arcilla que contenía grandes cantidades de iridio, un metal raro y poco común que coincide con la época de la extincíón y que podía encontrarse practicamente en todo el mundo.

Comoquiera que la proporción de este metal aumentaba en localizaciones cercanas al Mar Caribe, las investigaciones se centraron en la zona. Descubriéndose un gran cráter submarino en el golfo de México de más de 200 km de diámetro que se supone creado por la caída de un meteorito de unos 10 km de diámetro que impactó con una velocidad de unos 25 km/s.

Tamaña colisión causaría su inmediata pulverización y una gran onda de choque que causaría una elevada temperatura, incendios y tsunamis y el envío de una gran cantidad de polvo a la atmósfera que oscurecería el cielo provocando una drástica reducción de la temperatura al impedir el paso de los rayos solares, lo que se conoce como invierno nuclear. Dando al traste con la vida de multitud de especies, tanto vegetales como animales, tanto terrestres como marinas.

Esta hipótesis es la que cuenta con más apoyos en la comunidad científica, aunque ¿quién sabe?

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Cielo azul

El color del cielo se debe a tres factores: a la composición de la luz, a la atmósfera y a nuestra fisiología.

La teoría del color, desarrollada inicialmente por Newton, explica que la luz blanca está formada por la suma de todos los colores del arcoiris. Y que cuando vemos un objeto de un color es porque refleja cierta longitud de onda y absorbe el resto, o lo que es lo mismo, refleja ese color mientras absorbe los demás.

En un extremo del espectro se encuentra el rojo, cuya longitud de onda es la más larga y, por ello, su frecuencia la más baja (por eso se les llama infrarrojos) y en el otro extremo el violeta, cuya longitud de onda es la mas corta y, por ello, su frecuencia la más alta (por eso se les llama ultravioleta).

La luz del sol tiene que atravesar la atmósfera para llegar a nosotros, y aunque el aire puro es incoloro, pues todas las longitudes de onda lo atraviesan, las minúsculas partículas de polvo y de agua en suspensión, más pequeñas que las longitudes de ondas de la luz visible, no tienen tamaño suficiente para repeler la onda y solamente la desvian ligeramente de su camino original. Una y otra y otra vez. Es lo que se conoce como dispersión.

Ocurre que las longitudes de onda del extremo azul del espectro, al ser más cortas, son dispersadas en mayor medida que las del resto de colores, lo que confiere objetivamente un color azul-violeta a nuestro cielo.

Pero resulta que nuestros ojos captan el color a su manera, o mejor dicho, nuestro cerebro interpreta la frecuencia de las ondas según la información recibida a través de los ojos y de su particular fisiología.

Nuestros ojos poseen unos conos sensibles a solo tres colores: rojo, verde y azul. El resto de colores excita varios tipos de conos a la vez, o lo que es lo mismo, podemos obtener el resto de colores a partir de la combinación de esos tres. Y como nuestra vista es más sensible al color azul que al violeta, es éste el color que observamos al contemplar el cielo.

 

 

Nota sabionda: La longitud de onda dispersada mayoritariamente en nuestro cielo, aún siendo la misma para todo el mundo, es captada de diferente forma por los diferentes seres vivos. Así el mismo cielo presenta un diferente color según el observador.

Nota sabionda: El cielo de Marte, cuya atmósfera tiene una presión atmoférica 145 veces menor que la terrestre, una ausencia casi total de oxígeno y una presencia de CO2 cercana al 95%, con unos vientos huracanados que mantienen gran cantidad de partículas de polvo en suspensión, nos presenta un color rojizo porque el tamaño de estas partículas dispersa mayoritariamente las longitudes de onda del extremo rojo del espectro.

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