¿Por qué huelen los pies?
¿Por qué huelen los pies? Y es más… ¿por qué lo hacen con un olor tan desagradable?
Aunque todo el mundo suda por la planta de los pies —que es una zona de sudoración al igual que las axilas— no a todo el mundo le huelen los pies, o no en la misma medida. En algunos casos el olor llega a ser repelente.
Este transtorno de la sudoración por la presencia de sustancias malolientes es conocido por los dermatólogos como bromhidrosis. Aunque puede que estos compuestos indeseables sean directamente secretados por las glándulas sudoríparas, o que los olores provengan de una infección por hongos, lo más habitual es que sean producidos al interaccionar el sudor con los microorganismos instalados en la piel y en el material del calzado.
Al mantenerse los pies encerrados en los zapatos, la falta de ventilación, la humedad y el calor, conforman un ambiente muy apto para la proliferación de bacterias y hongos, que se multiplican con suma rapidez sobre la piel caliente y húmeda.
Estos microorganismo metabolizan las toxinas y demás sustancias de desecho del sudor y como resultado se desprende el hedor que se concentra en los calcetines y el zapato, que llega a oler peor que el propio pie.
Una buena higiene, mantener los pies secos el mayor tiempo posible, prendas (calcetines o medias) secas y limpias cambiadas con frecuencia, airear el calzado y permitir que los pies transpiren, serán suficientes medidas de prevención para evitar ese olor tan molesto.
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Cuando se termina la colada, lo habitual es colgar o tender la ropa en unas cuerdas dispuestas a tal fin, con ayuda de unas pinzas de ropa.
El sol y el viento son nuestros aliados a la hora de secar la ropa, y el frío y la humedad, nuestros enemigos.
Al ganar calor del medio ambiente, las moléculas del agua contenida entre las fibras textiles se excitan y aumentan su velocidad, de tal manera que se desligan entre ellas y pasan al aire al evaporarse.
En este proceso intervienen favorablemente el calor (no tanto el sol directo que puede decolorar la ropa) y el viento, que aumenta la agitación molecular facilitando la evaporación.
Pero en lugares húmedos, como en las localidades costeras, el aire está próximo a la saturación de vapor de agua. Así, aunque cierto úmero de moléculas de agua abandone la ropa, otro elevado número de moléculas -aunque menor- se condensan procedentes del aire, lo que retrasa el secado.
También ocurre en lugares muy fríos que, aunque el aire esté muy seco, la ropa seca también lentamente debido a la baja agitación molecular provocada por la ausencia de energía térmica.
Respuesta a una consulta de Amalia
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