¿Por qué se duermen las piernas?

En realidad el título debería decir “duermen”, así, entre comillas. Porque no se duermen, aunque se exprese así habitualmente esa situación en la que las piernas o los brazos no nos responden o lo hacen muy lentamente por estar agarrotados.
Es una situación extraña —pero no infrecuente— que a veces ocurre al despertarnos por la mañana y notar que alguno de nuestros miembros continúa adormecido. Luego, unos pequeños pinchazos, una sensación de hormigueo, nos avisa de que el miembro entumecido estará listo en breve para obedecer nuestras órdenes.
Pero… ¿por qué ocurre esto?
Para entenderlo debemos saber que los nervios de nuestro cuerpo son los responsables de los movimientos que hacemos y las sensaciones que sentimos. Por nuestro sistema nervioso circulan multitud de mensajes desde y hacia el cerebro.
Por ejemplo, si deseamos mover un brazo o una pierna, nuestro cerebro envía la correspondiento orden que, a través de la espina dorsal y los nervios del miembro correspondiente, pone en funcionamiento el músculo.
Entonces, si hemos dormido con algún miembro aplastado bajo el peso del cuerpo o hemos estado estirados descansando con un codo o una rodilla doblados durante un tiempo prolongado, puede darse la situación de que los nervios de ese miembro queden temporalmente afectados por la presión —al no recibir suficiente irrigación sanguínea— y no funcionen correctamente durante unos instantes.
Los mensajes no pueden transitar con normalidad por esos nervios y por ello el miembro no responde como debería.
Conforme el entumecimiento va desapareciendo —al desaparecer la compresión y reestablecerse la circulación sanguínea—, los nervios se estiran hasta recuperar su forma original y vuelven a estar operativos.
dormir músculo mecanismo nervio organismo¿Qué son las agujetas?
Llamamos agujetas de manera coloquial a la mialgia diferida, a un dolor muscular de aparición tardía que en inglés se conoce como DOMS, ‘Delayed Onset Muscular Soreness’.
Se trata un dolor intenso y localizado en una región muscular —similar a múltiples pinchazos de pequeñas agujas— que aparece acompañado de una cierta inflamación muscular tras un ejercicio físico intenso, siempre que éste se realice tras un periodo más o menos largo sin realizar ejercicio físico continuado.
Aparecen al día siguiente y suelen durar de tres a cinco días. Además del dolor suponen una disminución de la movilidad y flexibilidad del músculo. No revisten ninguna gravedad pero son muy molestas.
Ahora bien ¿por qué se producen? ¿y qué podemos hacer para evitarlas?
Existen varias teorías acerca de su origen, pero la más aceptada por la comunidad científica las achaca a microrroturas de fibras musculares, concretamente de los sarcómeros musculares, las unidades anatómicas y funcionales del músculo. Produciéndose la mencionada rotura porque la fibra muscular es débil y no es capaz de sostener el nivel de ejercicio, o bien porque se realiza un trabajo muscular intenso cuando se está desentrenado y la fibra no es capaz de aguantarlo.
Las zonas más afectadas son las uniones musculares y los tendones cerca de las articulaciones, debido a que la zona musculotendinosa es donde existen más fibras musculares débiles y más tensión. Aunque el patrón de rotura es aleatorio se aprecian mayor número de ellas y mayores agujetas en los músculos de contracción rápida.
¿Y el dolor? El dolor y la debilidad muscular se deben principalmente a los procesos inflamatorios leves que acompañan las roturas musculares más que al daño micromuscular propiamente dicho.
¿Soluciones? Pues no tienen remedio una vez producidas, aunque la aplicación de un anti-inflamatorio, la aplicación de frío o el uso de analgésico pueden ayudar a paliar sus efectos. Por otra parte son también difíciles de prevenir y evitar.
Hay que entenderlas como una adaptación muscular a las exigencias del organismo. Lo único que se puede hacer para evitarlas es el ejercicio continuado y progresivo. Aparecerán al principio, pero al reemplazarse las fibras rotas por otras más resistentes, aumentando así la la masa muscular, las microrroturas disminuirán o dejarán de producirse.
Nota sabionda: En 1956 se formuló la teoría que achacaba las agujetas a la formación de cristales de ácido láctico, producidos como producto de desecho de la degradación de la glucosa llevada a cabo en el músculo por las exigencias de un trabajo muscular intenso. También afirmaba que este incremento de la acidez y los propios cristales causaban las microrroturas musculares.
Al amparo de esta teoría surgieron remedios como el agua azucarada, el agua con bicarbonato y otros que pretendían diluir los mencionados cristales. Pues bien, esta teoría se ha demostrado falsa y por lo tanto también son falsos los remedios de ella deducidos, que no funcionan más allá del efecto placebo.
Entrada elaborada a partir de la información ofrecida aquí, aquí, aquí y en otros sitios más.
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