Pues porque le ponemos mucha imaginación.
Es algo que se dice para embromar o encandilar a los niños pero, por supuesto, no es el mar el que suena ahí dentro.
Entonces… ¿qué es lo que se escucha?
Al igual que existe la luz blanca como mezcla de todos los colores, también existe el llamado ruido blanco como mezcla de todos los sonidos. Es el ruido ambiente que, aunque a veces no lo identifiquemos por estar compuesto por ondas de sonido de baja intensidad que normalmente no son registradas por nuestro oído, se encuentra a nuesto alrededor.
El sonido se propaga por medio de ondas y estas rebotan en los objetos (reflexión), asimismo varía su velocidad y su ángulo de incidencia al cambiar de medio de propagación (refracción).
En el interior de un objeto semicerrado —como por ejemplo un vaso— las ondas del sonido ambiente se reflejan y refejan y unas se suman a otras en un fenómeno conocido como resonancia. También se produce una reberveración del sonido, es decir, que las ondas reflejadas llegan al oyente antes de la extinción de la onda directa. Todo ello amplifica el ruido blanco que nos recuerda el ruido blanco que produce el mar. Y si ya produce este efecto un simple vaso (con imaginación, eso sí) mucho más rico en matices resulta el producido por una caracola, con sus múltiples recovecos y su especial morfología.
De todas maneras este sonido es de una intensidad tan baja que es necesario acercar la caracola a la oreja para percibirlo. Nótese también que al acercar y alejar la caracola, las frecuencia sonoras varían pues también lo hacen los ángulos de incidencia de las ondas. También ocurre si cambiamos de caracola.
Nota sabionda: Se produce reverberación cuando las ondas reflejadas llegan al oyente antes de la extinción de la onda directa, es decir, en un tiempo menor que el de persistencia acústica del sonido. Este fenómeno es de suma importancia para las audiciones, ya que controlándolo adecuadamente se contribuye a mejorar las condiciones acústicas de los locales tales como teatros y salas de concierto.
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¡Abuelo, deje de leer en el coche! ¡Que se va a marear!
Si gustas de leer en el coche para amenizar un viaje, ya sabes a lo que me refiero: a esa sensación de náusea y mareo que sobreviene más pronto o más tarde.
Y lo hace porque la información que recibe el cerebro de los diferentes sentidos no concuerda. Y ya tenemos aquí la desorientación espacial, la náusea y el vómito.
Una persona estima su ubicación espacial gracias a la combinación de diferentes informaciones provenientes de la vista, el tacto, el oído… Entre éstas tiene una particular importancia la recibida del oído interno, por su relación con el equilibrio y el movimiento.
Al leer en un coche en marcha los ojos permanecen fijos en el libro, incluso la visión periférica capta el interior del coche como una imagen fija. Todo ello nos comunica que estamos quietos. Si la marcha es lineal y sin cambios constantes en el desplazamiento, no habrá problemas (de hecho es lo que ocurre si leemos en un tren en marcha), pero si el automóvil se sacude, gira o cambia de velocidad, algo inevitable en un trazado con curvas, los oídos discrepan de esa información.
Si se sufre mareo ayuda el hecho de dejar de leer y mirar por la ventana, eliminando así la información contradictoria.
cerebro mareo oído ojo





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