Aún estando a la misma temperatura notamos más fría la cerámica que la madera. Algo fácilmente comprobable andando descalzo por suelos de ambos tipos.
Para evitar esa sensación de frío en algunos cuartos de baño se instalan suelos de madera en lugar de los suelos de cerámica tradicionales.

Pero ¿por qué parece estar más fría la piedra que la manera si en realidad están a la misma temperatura ambiente?
Cuando dos materias están en contacto, la energía térmica se desplaza desde la más caliente a la más fría hasta que ambas temperaturas se equilibran. Si la temperatura del cuerpo es de unos 37ºC y la del cuarto de baño (incluido el piso) de unos 22ºC, la diferencia térmica es de unos 15ºC. Entonces, al menos en teoría, el calor del cuerpo debería pasar a través de los pies desnudos hacia el suelo hasta lograr el equilibrio.
La cerámica, la piedra o el mármol tienen una elevada conductividad térmica, lo que significa que la temperatura del cuerpo fluirá con mayor rapidez que en el caso de un suelo de madera. Pero como el calor de una persona no basta para caldear el suelo, al estar un rato en contacto con él, acabará por acusar la bajada de temperatura.
Por contra, la madera es peor conductor térmico y el calor fluye hacia el suelo de forma más lenta, dando la sensación de estar más caliente.
Nota sabionda: La conductividad térmica es una propiedad de los materiales que dice cuan fácil es la conducción de calor a través de ellos. Es elevada en metales y en general en cuerpos continuos, y es baja en los gases y en materiales iónicos y covalentes, siendo muy baja en algunos materiales especiales como la fibra de vidrio, que se denominan por eso aislantes térmicos.
Nota sabionda: El coeficiente de conductividad térmica de la madera tipo aglomerado es de 0,06, el de la madera es de 0,13 y el de la baldosa cerámica es de 0,7. Otros materiales presentan otros valores: el acero 45, el aluminio 200, la fibra de vidrio de 0,03 a 0,07 y el amianto 0,04.
calor propiedad temperatura¿Dueño de la Luna?
¿La Luna tiene dueños? Bueno, ha tenido, tiene y seguramente tenga más en un futuro. Ya sea en su totalidad o en parcelas.
Pero… ¿dueños sujetos a derecho? Bueno, sí y no. Me explico.
En 1953 el abogado chileno Jenaro Gajardo Vera registró a su nombre la propiedad de la Luna. Para ello utilizó la fórmula legal de declarase como su propietario con antelación a 1857, que era lo que se hacía en la época en Chile para sanear terrenos sin título de dominio.
Con anterioridad al registro de la escritura en el Conservador de Bienes Raíces de la ciudad de Talca el 25 de septiembre de 1954, efectuó las tres publicaciones de rigor en el Diario Oficial y como no hubo ninguna reclamación ni nadie ejerció ningún derecho sobre el satélite, su propedad se hizo efectiva.
Todo ello con un coste de 42.000 pesos de la época.
En 1967 se firmó un tratado en la ONU prohibiendo a los Estados y gobiernos la compraventa de objetos exteriores a la Tierra, pues solamente reconocía la propiedad privada hasta 80 km de altura. Pero en 1980 el estadounidense Dennis Hope formaliza de nuevo en una oficina del Registro de San Francisco la compra de la luna, dedicándose desde entonces a vender parcelas en suelo lunar aprovechando un vacío legal, pues nada se dijo de empresas inmobiliarias.
Actualmente unos 5 millones de personas han comprado su parcela a una de las tres empresas vendedoras. La más antigua, Lunar Embassy, lleva más de 25 años adjudicando terrenos lunares, contando actualmente con 1.640.000 m2 de los 38.000.0000 km2 que forman a la Luna. Las otras dos son: Lunar Registry y Moon Estates.
La compra, claro está, no deja de ser una curiosidad o extravagancia, pues los vacíos legales más pronto o más tarde se rellenan y cabe la posibilidad de que las propiedades se invaliden.
Nota sabionda: El motivo de Jenaro Gajardo para registrar la propiedad de la Luna fue su deseo de ingresar en el Club Talca, que reunía a lo más selecto de la sociedad local. Para el ingreso, además de contar con una profesión o posición social acorde, se debía ser propietario de algún bien raíz. Camino de casa y ante la imagen de la luna llena que ascendía por el horizonte, se le ocurrió un plan: reclamar la Luna como propia.
Nota sabionda: Se dice —aunque es difícil saber si realmente ocurrió o se trata de unas leyendas urbanas— que el presidente Richard Nixon se vio obligado a pedir permiso al propietario de la Luna para el alunizaje del Apollo XI en 1969. También se dice que Impuestos Internos envió a unos inspectores con el propósito de cobrar las contribuciones. Don Jenaro no puso ninguna objeción a reconocer su deuda siempre que los inspectores visitasen y tasasen la propiedad según mandaba la ley.
Entrada elaborada a partir de la información ofrecida aquí, aquí, aquí, aquí y otros sitios más.
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