Tela de araña

Sabido es que las arañas tejen telas para atrapar a sus presas y que cuando éstas caen en la trampa el arácnido acude rápidamente a dar muerte a su víctima. Pero ¿cómo es que pueden desplazarse por su red sin quedar a su vez enganchadas? ¿Es que son inmunes al adhesivo o algo así?

Como no son inmunes, pues digamos que algo así.

Los hilos con los que tejen su red son extremadamente delgados pero robustos y están formados por compuestos proteínicos. Pero no todos los hilos son iguales aunque, a simple vista, lo parezcan.

En contraposición a los hilos radiales que parten del centro hacia los extremos, hay otros colocados en forma de círculo que están provistos de una sustancia adhesiva para inmovilizar a los insectos voladores.

Además, los hilos que conforman el exterior de la red tampoco sirven para sujetar a la presa, por lo que carecen de pegamento. Así, la araña puede moverse por esa zona sin que le ocurra nada.

Cuando debe alcanzar a su presa se apoya en los hilos carentes de sustancia adhesiva, pero si ha de apoyar alguna pata en los hilos preparados para la caza, éstas están conformadas de tal manera que presentan una superficie de apoyo extremadamente pequeña, de modo que el efecto adhesivo es inapreciable.

Por si eso fuera poco, han desarrollado técnicas para despegarse inmediatamente de los hilos pegajosos si se diera el caso, aunque son extremadamente cuidadosas en lo tocante a desplazarse por los hilos libres de sustancia adhesiva.

 

 

Nota sabionda: Por término medio una araña necesita unos 20 m de hilo para confeccionar su red. Para ello dispone de diferentes glándulas en su abdomen que producen diferentes tipos de hilo.

Nota sabionda: Con el tiempo la tela pierde su adhesividad y será ineficiente para capturar presas. Por ello no es raro ver arañas consumiendo su propia red para recuperar las proteínas utilizadas en su hilado.

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Pescado

El pescado absolutamente fresco no huele a pescado, es decir, no tiene ese olor que le asociamos. Tal vez un aroma a frecor, a mar, nada desagradable. Pero al cabo de un par de horas de haber sido pescado, su carne empieza a descomponerse y es entonces cuando empieza a oler “a pescado”.

La carne del pescado presenta unas proteínas —distintas a las de las carnes rojas— que se descomponen más rápidamente al sufrir la acción de enzimas y bacterias. Y es el olor de la descomposición de los aminoácidos la que resulta característica por una notable presencia de amoníaco y otros aminos, compuestos a los que nuestro olfato es especialmente sensible.

Pero esta olor no significa que el pescado esté necesariamente en mal estado, pues se percibe mucho antes de que el consumo de su carne sea desaconsejable. Simplemente que cuanto más huele menos fresco es.

Por ello los pescadores cubren de inmediato el pescado con hielo y es transportado en cámaras frigoríficas hasta el punto de venta en donde también se usa el hielo. Éste no solamente disminuye la temperatura evitando la descomposición, sino que evita que el pescado se seque.

Pero la rápida descomposición de sus proteínas no es la única causa de su olor. Hay otras:

  • Los organismos de los peces están equipados con unas enzimas digestivas muy eficaces a la hora de digerir la carne de pescado, pues no hay que olvidar que la base de la alimentación de los peces son otros peces. Si por alguna circunstancia las enzimas escapasen de las tripas comenzarían a actuar sobre la carne del propio pescado. Por ello los pescados destripados se mantienen durante más tiempo y en mejores condiciones que los enteros.
  • Las bacterias que provocan la descomposición de los pescados son más eficientes que las que hay en tierra, porque están adaptadas a las bajas temperaturas de los mares. El simple calor ambiental aumenta su actividad. De aquí el esencial papel del hielo.
  • La carne del pescado contiene grasas insaturadas —beneficiosas para el control del colesterol— que se oxidan con más facilidad que las saturadas. Esta oxidación las convierte en ácidos orgánicos, cuya mala olor contribuye a aroma desagradable a pescado.
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    Nota sabionda: El amoníaco y los grupos aminos son bases, cuya acción contrarrestan sólo los ácidos, por ello suele servirse un gajo o rodaja de limón, que contiene ácido cítrico, para acompañar los platos de pescado.

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