¿Para qué sirve la fiebre?
La fiebre no es una enfermedad en sí, sino un síntoma de muchas de ellas, ya sean de tipo infeccioso, inflamatorio o de cualquier otra etiología.
Consiste en la elevación de la temperatura normal del cuerpo situada entre los 36,5º C y los 37º C (aunque estos valores pueden cambiar según la hora del día, según la época del año o según la edad de la persona). Así se puede decir, en general, que hay fiebre cuando se tiene una temperatura rectal por encima de 38º C, oral por encima de 37,5ºC o axilar por encima de 37ºC.
Pero ¿tiene alguna utilidad además de ser un síntoma indicativo de que algo no va bien? ¿Para qué sirve la fiebre?
El organismo mantiene una temperatura constante gracias a un centro termorregulador, localizado en una parte del cerebro llamada hipotálamo. Cuando ese centro, por diferentes causas, establece una temperatura más elevada, se produce la fiebre.
Los estímulos que provocan que el hipotálamo eleve la temperatura corporal forman parte de un mecanismo adaptativo de autodefensa frente a las enfermedades y aquí radica su utilidad. Sus funciones son:
Así es, cuando aumenta la temperatura corporal, el sistema inmunitario funciona de manera más efectiva. Por contra, la mayor temperatura hace que los agentes patógenos se resientan en su proliferación e incluso que dejen de reproducirse.
Por otro lado, el dolor de cabeza, la sensación de cansancio y demás molestias causadas por la fiebre contribuye a que el cuerpo permanezca en reposo, letárgico, ahorrandoo unas energías que se aplican directamente a combatir la enfermedad.
¿Y cómo hace el hipotálamo para regular la temperatura?
Puede hacerlo de dos maneras diferentes:
Para que el hipotálamo ponga en marcha los mecanismos que aumentan la temperatura corporal, debe ser estimulado. Uno de los estímulos son las sustancias conocidas como pirógenos.
Éstos pueden ser exógenos o procedentes del exterior, como es el caso de algunas moléculas componentes de las bacterias y otros microorganismos, que al ser detectadas desencadenan el proceso. También pueden ser endógenos o procedentes del interior, como es el caso de algunas sustancias excretadas por los glóbulos blancos, para indicar, precisamente, que se solicita un aumento de temperatura.
Y… ¿por qué se producen escalofríos durante un proceso febril? Si sube la temperatura ¿a qué obedece la sensación de frío?
Uno de los mecanismos nombrados es el de los cambios circulatorios. Y, en efecto, nuestro organismo hace que se estrechen los vasos sanguíneos de las extremidades, de tal modo que aparecen transtornos de irrigación que son interpretados como frío. En esta situación, los neurotransmisores le indican al hipotálamo que la temperatura corporal es demasiado baja y éste para contrarrestarla eleva la temperatura corporal.
Si el proceso es violento, es decir, si el cuerpo reacciona con potencia ante la agresión exterior, el desfase térmico sensación-realidad es tal que se mantiene la sensación de frío —y de ahí los escalofríos— combinada con un estado febril.
Nota sabionda: Habitualmente la temperatura es algo más baja a primera hora del día, en torno a las 6 de la mañana, y alcanza su máximo entre las 4 y las 6 de la tarde.
Nota sabionda: El efecto bactericida de los antibióticos es mayor durante la fiebre.
proceso reacción temperatura termómetro¿Cómo funciona el termómetro?

Se pone en la axila, se calienta y marca la temperatura. Fácil.
Pero ¿y si profundizamos un poco más?
Todos los átomos y moléculas de cualquier pedazo de materia están en movimiento, oscilando en todas las direcciones posibles y neutralizándose en el proceso. Así, ese cuerpo no se moverá en virtud de ese movimiento interno, pero toda esa energía llamada cinética —por el griego kinema que significa ‘movimiento’— se manifestará en forma de calor.
Cuando se añade energía térmica a un determinado cuerpo, sus partículas se moverán a una velocidad promedio más rápida, es decir, aumentará su energía cinética. Si por el contrario, sustraemos calor, la velocidad promedio disminuirá y su energía cinética será menor.
Cuando ponemos el termómetro en contacto con nuestra piel, nuestros átomos colisionan con él, lo que hace que los átomos del vidrio choquen contra los átomos del mercurio alojado en su interior. Éstos se moverán ahora más rápido que antes y por ello necesitarán de más espacio, lo que provoca la expansión del mercurio dentro del tubo, en un proceso llamado dilatación.
Cuanta más energía térmica reciba, tanto más lejos llegará en su dilatación.
Aunque ahora surge una duda que a buen seguro habrá intrigado a los curiosos: cuando nos quitamos el termómetro y éste recupera la temperatura inicial ¿cómo es que queda fijada la última temperatura tomada?
Si se observa con atención se puede distinguir un diminuto estrechamiento en el tubo capilar por el que se mueve el mercurio. Cuando se está expandiendo, la presión que ejerce es suficiente para superar el estrechamiento y ascender por el tubo, pero al contraerse lo hará en el receptáculo, porque el tirón hacia abajo no es lo suficientemente fuerte y la columna de mercurio acabará por romerse en el estrechamiento. Esto es así porque las fuerzas de atracción que actúan entre los átomos del mercurio son demasiado débiles para resistir la contracción.
Si estas fuerzas de cohesión fuesen más fuertes, el mercurio sería sólido y no líquido, y no se dilataría con tanta rapidez. Razonamiento que nos sirve para explicar la elección del mercurio frente a otros materiales.
Si queremos volver a utilizarlo no queda más opción que agitarlo para que la fuerza centrífuga nos ayude a devolverlo a su posición inicial.
Nota sabionda: El termómetro fue inventado por Gabriel Fahrenheit.
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